Marisa Maverick

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Bueno, pues llegados a este punto, ¿qué puedo decir de mí y que no resulte pedante o fantasioso?…

Por circunstancias laborales de mi familia nací en El Bierzo, comarca enclavada en la provincia de León (España). ¿Fecha de nacimiento?… Hmm, vamos a llevarnos bien, ¿vale? A los pocos años nos trasladamos a Córdoba, en el sur, y allí pasé el resto de mi infancia, adolescencia y parte de mi primera juventud.

Córdoba…

¡La del romancero, Córdoba la llana!…

Guadalquivir hace vega, el campo relincha y brama.

(Antonio Machado)

Los buenos recuerdos de esa tierra y los seres queridos que allí viven explican, en parte, el porqué de mi deseo de escribir una novela ambientada en dicha ciudad y, concretamente, en su floreciente época califal.

He viajado, mucho; y he vivido en diferentes lugares. De todo he aprendido, o lo he intentado, lo que me ha servido para tener una mente más abierta al descubrir otras costumbres, otras realidades.

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Cuando me planteé poner una foto mía lo tuve claro; no podía ser otra que la que ves al margen.

Ahí tendría algo más de seis años, y así me recuerdo siempre: con un libro en las manos.

Devoradora de historias de casi cualquier género: romántico, histórico, suspense, novela negra…

Y nada me distraía de su lectura; al contrario, era una molestia que me interrumpieran.

Nunca se me pasó por la mente escribir, jamás. Pero la vida te da sorpresas… (como dice la letra de aquella canción), y a mí me pilló de plano. Leer, y ver, la saga Crepúsculo fue un shock que solo encontró alivio al constatar que había una legión de personas igual que yo. Obsesionadas con unos personajes a los que imaginabas en situaciones distintas a la original. Y ese fue el principio…

Me sumergí en el mundo del fanfic, y Facebook me abrió las puertas a otra dimensión. Una que me llevó a conocer personas maravillosas y que hoy me enorgullezco de tenerlas como amigas, buenas amigas. Y una cosa llevó a la otra… De lectora a corregir fics. Después a corregir novelas originales de escritoras que dieron un paso adelante y que actualmente publican sus propias obras. Hasta que un día me dije… ¿y por qué no lo intento?

Fue como abrir una puerta. La familia Wadlow entró a tropel. Los personajes de mi primera novela tomaron el control de mi mente, mi imaginación y casi mi vida. Y ahí están hoy: a punto de saltar a tus manos.

Y esa puerta se abrió de par en par y llegaron más ideas, nuevas historias que esperan su turno a ser reflejadas en la pantalla del ordenador. Sí he hecho unas entrevistas, entre la realidad y la ficción, a algunas escritoras; si tenéis curiosidad por leerlas me lo decís.

Actualmente resido en el Campo de Gibraltar (Cádiz), un lugar privilegiado para llevar una vida tranquila, sin el agobio de una gran ciudad. Vivo con mi marido (la persona más culta que he conocido); con dos periquitos y un gato que, ocasionalmente, se digna visitarnos.

Ya veis que esta presentación no es la típica, pero… ¿cuándo he hecho yo algo “típico”? Espero que… Un momento, llaman a la puerta…

Dejo las gafas sobre la mesa del ordenador, junto al teclado, y voy a abrir. Ya antes de llegar oigo un murmullo de personas hablando. Miro por la mirilla y solo consigo ver un rostro sonriente; me resulta conocido, pero con lo mala fisonomista que soy…

—¿Sí…? —pregunto con la puerta entornada y al hombre que tengo delante. Paseo la vista por el resto, ocho o nueve rostros que me sonríen y se mueven para verme mejor—. ¿Desean algo?

—Marisa, somos nosotros. —Su voz es grave; un tanto familiar. Alto, muy moreno, ojos negros… Una mano lo aparta y lo echa a un lado.

—Nosotros —insiste la mujer que ocupa ahora su sitio. Da un vistazo rápido a los demás, que esperan expectantes. Sí, creo que…—. Nos soñaste anoche, ¿recuerdas?

Asiento con la cabeza, lentamente, a medida que me aparto, conmocionada. ¡¿Esto es verdad?!

Entran todos y se dirigen directos al salón, como si ya hubieran estado aquí antes, como si… esta fuera su casa. Cierro y voy tras ellos; observo que un par de parejas van de la mano, algunos se lanzan miradas ceñudas, otros parecen no conocerse…

¿Qué les digo, qué hago? Son mis personajes y están ¡aquí!

De nuevo, él me habla. Una sonrisa empieza a iluminar mi rostro, le conozco y…

—Sí, hemos venido para quedarnos —asegura Johan, y los demás asienten. Tengo lágrimas en los ojos; son… ellos—. Tenemos todo el tiempo del mundo… Tu tiempo. —Me señala y abarca con sus manos el lugar—. Nuestro mundo…

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