Momentos inéditos Wadlow

 

PORTADA MOMENTOS WADLOW INEDITOS

 

Como sabéis, estos cuatro relatos han estado aquí a vuestra disposición. Sois muchos los que me pedíais poder tenerlos en vuestros dispositivos electrónicos de lectura o en papel, así que decidí haceros caso.

Podéis leer  completos estos pedacitos de vida de la familia Wadlow en Amazon, donde os esperan a partir de este momento.

Gracias por vuestra fidelidad e interés.

Enlace de venta: Momentos Wadlow Inéditos

 

Para muestra… un botón

—Venga, no seas así. Te aseguro que no le voy a hacer ni un rasguño, ¿vale?

Esta es la lucha que me traigo con mi novio, Peter, o como yo lo llamo: Thor. Me estoy sacando la licencia para conducir, ya llevo cuatro meses en la mejor autoescuela de Chicago. ¿Que es mucho tiempo? No, ni mucho menos. Lo que pasa es que yo soy muy perfeccionista y hasta que no esté convencida de que estoy bien preparada para presentarme al examen, no lo haré.

—Diane, sabes que te quiero con toda mi alma, que eres min lille, pero mi coche no lo tocas…

 

Pon un nórdico en tu… cama vida

—Muy interesante. —Me envaro—. Veo a mi tía con un hombre.

Conste que amo a mi esposa con toda mi alma, que no desconfío de ella y, sobre todo, que no soy celoso… Quizás un poco, vale. Pero, veamos, es una mujer bellísima, con unos sentimientos más bellos todavía, solo cuido que no se le acerque nadie con malas intenciones; normal, ¿no?

—¿Y qué hacen? —mascullo la pregunta. Tanta parquedad por su parte me está matando.

Me observa por un segundo y una sonrisa se empieza a formar en su cara. Imagino lo que está pensando, pues se va a enterar.

—Dime, ¿conoces al profesor que está enseñando a tu novia a conducir? ¿Sabes si es joven, de bien ver…? Porque pasan mucho tiempo juntos en un coche pequeño, quizás haya algún roce entre ellos cuando él le corrija alguna postura de…

 

Médico, cúrate a ti mismo

Resoplo. Vuelvo al sofá, le quito el termómetro, que ya ha pitado, y miro la temperatura que marca: 38, 2 ºC.

—Tienes fiebre, pero no mucha —le informo mientras me siento a su lado y le sonrío. La verdad es que estoy ya tranquila, creí que estaría mucho peor. Y lo de decir tacos será por los nervios—. No es grave…

—¡Vaya! ¿Ahora eres médico? —Me sorprendo por su contestación tan desabrida y me pongo seria. Le iba a acariciar la cara, pero me ha cortado con su ironía.

—Pues no, no lo soy, ni me hace falta serlo para saber que lo que tienes es un fuerte resfriado que te ha afectado la garganta —le espeto un poco encorajinada.

—Pues cualquiera lo diría, ¡menudo diagnóstico que me has hecho en cinco segundos! —Le viene un acceso de tos que le obliga a doblarse…

 

 

Luces de Navidad

—Mi amor, siempre lo llevo; pero al abrir a Anthony lo dejé en la mesa de entrada. —Johan negó con la cabeza—. Si me hubiera sentido indispuesta, él está aquí —terminó de decir, dedicándole una sonrisa al hombre que tenía enfrente.

—¡Pues qué bien…! He pasado de chico de los recados a centralita de emergencias —rezongó haciéndose el dolido y dando una palmada en la superficie de la isla.

—Pero una centralita que tiene a un locutor con una voz muy varonil, ¿verdad? —lo engatusó Marita, inclinándose a él y sintiendo en ese momento una patadita de uno de los bebés—. ¡Ay!

—¡¿Qué?! ¿Te duele? ¿Vamos al hospital? —preguntó sin aire Johan, que dando un salto había abandonado su taburete y la instaba a ir hacia la puerta…

 

 

 

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