Para muestra… un botón

Para muestra… un botón

 

—Venga, no seas así. Te aseguro que no le voy a hacer ni un rasguño, ¿vale?

Esta es la lucha que me traigo con mi novio, Peter, o como yo lo llamo: Thor. Me estoy sacando la licencia para conducir, ya llevo cuatro meses en la mejor autoescuela de Chicago. ¿Que es mucho tiempo? No, ni mucho menos. Lo que pasa es que yo soy muy perfeccionista y hasta que no esté convencida de que estoy bien preparada para presentarme al examen, no lo haré.

—Diane, sabes que te quiero con toda mi alma, que eres min lille, pero mi coche no lo tocas.

¿Hay derecho a esto? Me querrá mucho, sí, pero a su Saab más.

—Pues que sepas que el día que tu maravilloso coche se estropee, no me pidas que te lleve a ningún sitio.

—Chicos, ¿qué os pasa? Lleváis murmurando toda la comida —nos pregunta Pamela, que ha invitado a comer a toda la familia, como es costumbre los sábados.

—¿Te ha hecho algo mi primo, pequeña?

Mi novio cabecea, pues se va a enterar, por desconfiado. Me levanto y tomo asiento a su lado. Adoro a este grandullón como si fuera mi hermano.

—Ya sabéis que estoy en la autoescuela y dentro de muy poco me presento a las pruebas. —Todos me escuchan con atención—. Solo quiero que él vea mis progresos al volante, pero no me deja.

Estamos a la mesa, ya hace un rato que terminamos los postres. Los miro con pena, me gustaría tanto poderles demostrar lo bien que conduzco…

—¿Tú me dejarías tu coche, Johan? —le pido con un leve pestañeo, pero por su cara me parece que…

—No puede ser, pequeña. Mi todoterreno es demasiado grande para ti —me asegura mientras me da un abrazo.

Ya me lo veía venir.

—Será solo subir y bajar el camino de entrada, no voy a salir a la calle, no podría. Yo cumplo las normas —afirmo muy rotunda y seria.

—Lo que dice mi hijo tiene razón —interviene Norbert, y yo lo miro desolada—. Igual pasa con mi Hammer…

¡Tendrá cara! ¡¿Y qué pasa con los otros dos coches que tiene en el garaje?! No quiero enfadarme con él, pero esto ya empieza a ser ofensivo. Me giro a mi amiga y veo que su marido se hace el distraído.

—Tranquilo, Adam, que no te lo voy a pedir. Ya veo lo que es el apoyo de la familia y la solidaridad. —¿Y si hago un poco de chantaje emocional?—. Luego mucho Diane ayúdame y Diane cuánto te quiero, pero para una cosa insignificante que os pido…

—Oh, venga, Diane, no te hagas la mártir.

Esto es alucinante, ¡¿mi propia amiga…?! ¡Qué digo mi amiga…! ¡¡MI HERMANA!! Esto duele, mucho. Y no lo puedo remediar y…

—¡Por todos los demonios! Ya la habéis hecho llorar.

—Tú sí que me entiendes, abuelo —consigo articular entre un par de sollozos.

¡Ey! Que a Anthony lo quiero de verdad. Es mi abuelo del alma.

—Deja a estos a un lado y vente conmigo. Toma las llaves de mi coche.

Pego un salto y le tiro los brazos al cuello, al tiempo que le saco la lengua a mi novio.

—¡Gracias! Verás qué bien lo hago.

—Perfecto, yo te miro desde fuera. Imagina que soy tu examinador, así vas perdiendo los nervios.

¡Si es que tengo que quererlo sí o sí! Y le doy dos besos sonoros que por poco le rompo los tímpanos.

—¿Quién se monta conmigo? —Silencio—. Todos no, eh.

Vale, ellos se lo han buscado.

—Peter, tú delante, a mi lado; y Kathy atrás. ¡Vamos!

Si se creen que no lo van a hacer es que no me conocen…

 

Ya estamos en el interior del precioso Mercedes de Anthony, tiene el cambio de marchas automático, como el de las prácticas, así que esto es fácil. Me abrocho el cinturón de seguridad y compruebo que ellos también lo han hecho. Ajusto y miro por el espejo retrovisor interior, veo a los demás a un lateral, junto a la fachada de la casa.

Desde donde estamos hasta la puerta automática que da entrada a la propiedad hay un camino empedrado, ancho, lo suficiente para que cuando llegue pueda dar la vuelta y regresar al punto de partida: el garaje.

—Maneja el volante con suavidad, este coche tiene la dirección muy sensible. Ten presente también que es más grande, así que los puntos de referencia son distintos y no olvides que…

—¡Peter! Me estás poniendo nerviosa. Además, me distraes de la conducción y del tráfico.

—¿Qué tráfico? —me pregunta Kathy. Me ha parecido percibir un punto de miedo en su voz.

Vuelvo la cabeza y veo que con una mano sujeta la tira del cinturón que cruza su pecho y con la otra se aferra al asa que está encima de su puerta.

—Nunca se sabe, más vale prevenir.

La oigo murmurar algo por lo bajo.

—Diane, céntrate —insiste Thor, como si así ayudara.

Pulso el encendido automático y el motor ronronea. ¡Me encanta! Le doy al botón para bajar mi ventanilla, saco la cabeza y les digo al resto:

—Voy fenomenal, ¿verdad?

Pamela y Johan me aplauden, Anthony me hace el signo de la victoria. Adam se ha cruzado de brazos y habla con su padre, Norbert le sonríe. Ya veremos quién ríe el último.

Coloco la palanca de cambio en su posición y piso el acelerador con suavidad. Antes he tenido que adelantar el asiento a los pedales y subirlo un poco, pero ahora vamos genial. Noto cómo el coche se desliza por el camino.

—Muy bien, cariño, lo estás haciendo estupendamente. Fíjate que ahí hace un poco de curva.

—Gracias, ya lo sé. ¿Ves como no había nada que temer?

Le digo a la par que lo miro, ¡es tan guapo! Y claro, me distraigo. ¿Quién no lo haría si tuviera al lado a un dios nórdico como él?

—¡¡Cuidado!! ¡ENDEREZA!

El grito de Kathy me ha dejado sorda, ¡qué pulmones! Peter no habla. ¿Y qué pasa? Pues que me aturden, ¡demonios!

Siento que el coche da unos saltos y hay un ruido que no consigo saber de dónde viene. El caso es que cuando he quitado la vista del frente (que juro que ha sido solo un segundo y nada más) y he mirado a Peter, he girado a la derecha y me he metido en…

—¡Mi parterre! —Me parece que dice Pamela—. ¡Las petunias!

A ver, ¿a quién se le ocurre plantar flores al filo de la carretera? Saco la mano por la ventana y le hago una señal para que se calme. Veo por el retrovisor exterior que Adam está doblado sobre sí, riéndose a carcajadas y que Anthony le da un manotazo en la cabeza, ¡bien por él! Johan tiene las manos en la cabeza y Norbert se frota la frente. ¡Exagerados!

—Que no cunda el pánico. Esto tiene arreglo —aseguro convencida.

—Sí, eso díselo a mi tía, que le has destrozado lo que sembró hace una semana. —Mi novio siempre tan positivo.

Pongo la palanca en posición de retroceso y…

—¡¡Ay!! —Otra vez la chillona de Kathy.

No sé qué ha pasado. La palanca está bien puesta, de eso no hay dudas. Quizás…

—¡Has pisado demasiado fuerte el acelerador, Diane. ¡Por todo el Valhalla!

—¡No me grites!

Puede que tenga razón. El coche ha salido disparado hacia atrás y nuestras cabezas hacia delante con demasiado ímpetu. Me quito el flequillo de los ojos. Mi profesor dice que nada nos puede impedir la visión, ¡es buenísimo enseñando! ¡Y tiene una paciencia…!

No miro hacia donde están los demás, para qué, ya los oigo reírse.

—Me parece que me voy a bajar.

Me giro en mi asiento y le echo una mirada a mi amiga; no, la mirada, y me recoloco otra vez bien.

—Vale, lo he captado. Pero ten más cuidado, Diane.

Pongo otra vez la palanca en posición y salimos del jardín. Sí, me metí en el de atrás. A ver, esto le puede pasar a cualquiera, ¿no? ¿O es que todo el mundo es perfecto? Acelero un poco y bajamos por el sendero de entrada, cojo la curva con suavidad.

—Ya me he hecho con el coche. Qué bien se conduce, quizás Anthony me lo quiera dejar algún día.

—Sí, seguro —afirma mi novio, que como siga con tanta ironía va a dejar de serlo pronto.

—Segurísimo —apostilla la traidora que va sentada atrás.

—¡Bien por Diane! —oigo que me grita Johan.

Miro por el espejo y veo que Anthony le da un cogotazo, pues no entiendo el motivo. El apoyo siempre se agradece.

Después de pasar la abierta curva me voy acercando a la puerta de entrada.

—Ábrete bien.

Miro a Peter y me echo a reír.

—Diane, déjate de tonterías y no te distraigas.

—Sois unos aguafiestas —les espeto—. Como no tenéis nada que decirme…

Hago un giro amplio, muy amplio… muy muy amplio y…

—¡¡NO!!

El grito de Anthony me asusta y doy un frenazo. Casi me pego en la frente con el volante.

—¡Joder, Diane! —maldice el que está a punto de pasar a la historia como mi novio.

Además de mi frenada, otra cosa nos ha detenido, haciendo un ruido tremendo.

Estoy enfadada, mucho, porque esto no es normal.

—¡¿A quién se le ocurre poner al lado de por donde pasan los coches una estatua de piedra?! —grito enfurecida.

Peter se pasa las manos por la cara y se peina con los dedos el pelo hacia atrás. No hace falta ser adivino para saber que está enfadado.

De Kathy mejor ni os cuento. La veo pelearse con el cinturón para quitárselo, seguro que se quiere bajar…

—Muy bonito, hermana, cuando hay algún problemilla, huyes.

—¡¿Algún problemilla?! Te has cargado las plantas de Pamela, has roto la escultura y seguro que al coche le has hecho una abolladura o le has roto el piloto. ¿Te parece poco?

—Excusas, excusas para salir corriendo. Pues quedaos tranquilos que ya nos volvemos. Vaya unos copilotos de pacotilla que tengo.

Doy marcha atrás y enfilo hacia el garaje, y lo que veo no me gusta: Adam está sentado en el suelo, riéndose sin control; Norbert abraza a Pamela, que nos da la espalda; Johan sigue en la misma pose anterior y Anthony… me preocupa, tiene una mano en el pecho, espero que no le esté dando otro ataque al corazón. ¡Nah!, seguro que está bien.

Todas estas cosas desmoralizan mucho, para qué engañarnos. Ellos son mi familia, la única que tengo, y si ves que no confían en ti… pues pasa lo que está pasando.

Con los nervios me tiemblan las piernas y el coche lleva un ritmo raro, vamos dando saltos. Ahora se para y nos vemos empujados hacia el frente, ahora echa a andar y nos pegamos al respaldo de los asientos; y así una vez y otra. Creo que Anthony debería llevar el coche al mecánico y que le hicieran una buena revisión, es posible que tenga algún problema en la transmisión…, o quizás algún filtro sucio… Conste que yo no soy experta, el tema de motor no es lo mío, pero esto es demasiado evidente.

¡Ay, no, ya sé qué le pasa! Es la alfombrilla, que no deja a los pies moverse con libertad sobre los pedales. Mira por dónde he encontrado yo la solución. Si es que esto de conducir es lo mío…

A trancas y barrancas llegamos al punto de partida. Apago el motor y me quito el cinturón. Estoy contenta.

—Ya estamos aquí —les digo mientras me bajo—. Sanos y salvos, familia de incrédulos.

No me contestan. Seguro que apostaron a que no lo conseguiría… Es que no hay fe.

Peter se baja y se dirige a la puerta que da acceso al salón, ni me ha felicitado.

—Necesito una copa —lo oigo decir mientras hace movimientos de relajación con los hombros.

—Que sean dos y bien colmadas —le pide Norbert.

—Tres —señala Pamela—, y la mía hasta el borde. ¡Qué desastre, Dios mío, qué desastre!

Oigo cerrarse la puerta trasera y veo que Adam va al encuentro de Kathy.

—¿Qué tal, cariño? —le pregunta a su mujer, conteniendo la risa. Ya se la devolveré, ya.

—Espeluznante, ha sido espeluznante —le contesta la que se llama amiga mía—. Diane.

Mis ojos brillan de felicidad, me va a decir algo bueno, lo veo venir, y me arrepiento de haberla juzgado mal.

—Imagina que ya tienes tu permiso para conducir. —Asiento con una sonrisa enorme en la cara—. ¡Pues ni en 25 años que pasen me monto otra vez contigo!

¡¿Pero qué dice?! Voy a replicarla y no me deja.

—No, no. No me quiero precipitar. ¡¡Ni en 50 años!!

Se da media vuelta y se van al interior de la casa. Cobardes.

Miro a Anthony y le dedico mi mejor sonrisa, lo noto un poco lívido. Johan sigue con las manos tras la nuca, seguro que se le han dormido los brazos, luego tendrá hormigueo.

Tomo aire y doy un suspiro profundo. Hay que ser positivos. Todo no ha ido mal, siempre podría haber sido peor, así que… no tengo más remedio que exclamar:

—Lo tengo dominado. Un par de clases más y… ¡Apruebo!

 

Fin

 

Katie Holmes jumps in a Nash Metropolitian classic car while on the set of her new film 'Miss Meadows' in Ohio

 

12 thoughts on “Para muestra… un botón

  1. Desde luego esta Diane es todo un personaje jajaja, madre mía que cara tiene y que chula es ella jajaja, sabe salir vencedora de cualquier situación aunque esta sea mas que evidente y este mas clara que el agua. Es buenisima me encanta este personaje. A ver si logramos encontrar algo que se le de bien pobre mía jajajajajajaaj. Ya me gustaría verla en su día a dia como maestra, estoy segura de que se transforma.

    Besitos muy buen momento

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  2. ¡Es que lo he leído tres veces ! No paro de reír 🤣🤣Diane es cosa sería y vaya…¡pobre de Thor con esta esposa ! Marisa eres increíble ,hiciste mi día ,confieso que bueno … para variar 🙄 li leí en un parqueo 🤣🤣 menos mal el auto es hermético o pensarían que estaba loca de tantas carcajadas !! Divino querida ! Me encanto !

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  3. Me encanta Diane, lo sabes pues ha sido así desde el minuto uno que empecé a leerla y tu Anthony es un amor.

    El resto de personajes en su línea, que poca fe tienen en ella. Aunque les entendí a todos, más viendo el desastre organizado.

    Un escena genial, de esas que te hacen querer leer más y más. Ya sé que hay que esperar, pero… Estos Waldor prometen.

    Besos.

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  4. K HISTORI DE DIANNE ES UNICA COMO ME HE REÍDO PERO ESO SIEMPRE POSITIVA WAOOO PERO CUANDO SE CASARON K NO ME INVITARON MARISA LINDA PORQUE NO ME INVITARON A LAS BODAS ☹️

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